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Resultados |
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En la actualidad son cada vez más las personas que consultan al médico especialista en el campo de la estética por insatisfacciones o disconformidades con aspectos físicos de sus cuerpos, independientemente del hecho que sean producto del desarrollo natural o de aparición posterior a traumas o intervenciones quirúrgicas. En cualquier caso probablemente la mayor preocupación de estos pacientes, o uno de los puntos de mayor atención, sea el de los resultados que las diversas alternativas terapéuticas ofrecen para satisfacer tales necesidades. Existe un número creciente de personas en los tiempos actuales que, ya sea como consecuencia de las presiones y mensajes subliminales de la moda y publicidad o por la propia determinación, dirigen su foco de atención a la apariencia estética de sus cuerpos. Resulta inevitable, por un lado, que el paso de los años deje sus características huellas en su recorrido, por otro lado ciertos aspectos físicos anti-estéticos que generan insatisfacción y malestar no fueron escogidos por quienes los padecen. No obstante estas circunstancias, y apoyándose en los valiosos aportes de los desarrollos científicos y tecnológicos, la medicina estética ofrece de manera accesible al público en general un amplio abanico de opciones a la hora de elegir el mejor tratamiento para la corrección de estos defectos.
No cabe duda que tanto el paciente como el médico responsable del procedimiento experimentarán una gran satisfacción cuando los logros obtenidos sean buenos. Más allá de que luego de la intervención sea necesario practicar algún retoque para mejorar aún más o perfeccionar las modificaciones estéticas practicadas, lo fundamental es el bienestar del paciente. Claro está que los resultados van a estar en estrecha y directa relación a las condiciones previas a tal procedimiento, es decir, no se puede esperar lo mismo de una liposucción realizada a un hombre obeso que a uno delgado así como tampoco serán los mismos los logros de un lifting facial practicado en una mujer de cincuenta años que en una de setenta. Por esta misma razón es imprescindible que tanto el paciente como el médico, en las consultas previas a la intervención, acuerden mutuamente cuáles son las expectativas de uno y de otro y cuáles son los logros a los que se puede aspirar. Esto queda más claro si tomamos como ejemplo alguna operación que tranquilamente pueda realizarse en varios tiempos quirúrgicos: en un primer tiempo practicar el estiramiento facial de la región superior de la cara y en el segundo practicar el de la región inferior.
Finalmente, aquellos casos en los que se presentan claros defectos, ya sea como producto de la inexperiencia del médico o por deficiencias en los conceptos o técnicas utilizadas, los resultados serán malos. Posiblemente, uno de los primeros y más difíciles puntos de todo acto médico sea el de diagnosticar correctamente el problema existente para tener en claro de qué forma se lo puede corregir. Una vez que el procedimiento o la terapéutica estén establecidos, es necesario que se lo practique en forma correcta y pertinente. Ejemplos de la falta de experiencia e idoneidad se encuentran fácilmente en procedimientos que exigen experticia y delicadeza técnica como por ejemplo la mamoplastia en la que puede quedar ciertas asimetrías, o mala ubicación de las aréolas, o incluso volúmenes poco estéticos, en la abdominoplastia pueden surgir asimetrías del ombligo o tejidos sobrantes a los lados de la cicatriz, o en el caso de la lipoescultura la extracción de grasa puede variar de un glúteo a otro, por ejemplo. |
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